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A través de la historia vemos el progreso de los pueblos y las personas para desarrollarse y lograr sus libertades

Becilla de Valderaduey

De los orígenes del pueblo habría para escribir mucho. Existen yacimientos de la 1ª Edad del Hierro, como el de Tejadillos, que son anteriores a los vacceos. Pero sobre todo me preocupa el hecho del origen de la propia palabra Becilla, respetando lo que se dice en la página: en algunos documentos del siglo X y XI, del propio señor de Villalobos y de Vexilla (siglos después marqués de Astorga), se cita a esta como Vexilla, que coincide con la palabra romana o latina que sirve para designar al estandarte de caballería de una legión. En otros casos, también se designan vexillas a las cohortes dentro de la armada romana que servían para guardar puentes y estar al cuidado del dragado de los ríos. (Aportación de Gilberto Castañeda Rivera, Arquitecto e Historiador de Becilla de Valderaduey)

Los Vacceos, un pueblo celtíbero pudo asentarse en Becilla de Valderaduey, en el siglo IX a. de Cristo aproximadamente. Queda patente en su topónimo "vaikella" diminutivo de "vaika" que significa vega y semejante al vasco "ibaika (ribera). Se documentan distintas variantes gráficas a partir del siglo XI: Vezella, Veçella, Veciella, Viziela, Veçiella, Vecillella hasta Vecilla de Valderaduey. Como he leido, de siempre, los orígenes de los pueblos han suscitado muchas idéas y estudios, algunas parecen claras y otras probables...

Becilla de Valderaduey, sobre la margen derecha del río Valderaduey que es atravesado por una calzada y el puente romano. Con la llegada de Roma se convirtió en un lugar de paso con distintas vías. Se han encontrado varios yacimientos que dejan constancia de una pequeña villa, que servía de custodia.

Becilla de Valderaduey, se desarrolla principalmente en la baja Edad Media, durante las repoblaciones del reino de León, al que perteneció, y su máximo desarrollo lo alcanzará en el siglo XVI, por el auge agrícola y ganadero. Llega a tener una fábrica de ladrillos, una fábrica de harinas y un molino. Dando salida a sus excedentes a través de los mercados de Villalón, Valderas y Medina de Rioseco.

 

Apuntes historicos/ Becilla de Valderaduey

Durante la primera mitad del primer milenio a. de C. hay un desarrollo de los pueblos en la península Ibérica, con factores exteriores, las influencias indoeuropeas transpirenaicas, las griegas mediterráneas y las procedentes de África (I-ber), llamadas iberas.

Muchos eran los pueblos que ocupaban estos territorios durante la antigüedad pero entre todos nos interesa los Vacceos, todos tenían en común el carácter indoeuropeo de sus lenguas pero diferentes formas de organizarse socialmente. Podemos decir que los Vacceos ocupan las mejores tierras cerealistas del valle medio del Duero en las ahora provincias de Burgos(Roa de Duero-Rauda), Palencia(Pallantia), León(Terradillos-Viminatium), Zamora(Oceloduri), Valladolid(Portillo-Porta Augusta y Simancas-Septimanca), Segovia(Coca-Cauca). Eran los núcleos de población más importantes.

Durante la primera Edad del Hierro(850 al 500 años a.C. aproximadamente)se produce a través de los Pirineos la llegada de pueblos que proceden del este y centro de Europa de carácter indoeuropeo que van a alterar la cultura indígena anterior, la Edad del Bronce. La llegada de poblaciones fue sucediendo en épocas distintas y no cesó hasta el siglo III a.C. y es en estos tiempos cuando los pueblos más poderosos arrinconan a las montañas a los demás, a las zonas menos productivas. Los Vacceos arrinconan a los vetones, los arévacos a los pelendones, etc.

Entre estos pueblos cabría considerar a los Vacceos del valle del Duero, los más celtizados en cuanto a cultura material y lengua, por ello, los más próximos a los Celtíberos por lo que suelen ser considerados entre estos. Los Vacceos mantenían todavía una peculiar y ancestral economía agraria de tipo comunal que denota la pervivencia de una organización socioeconómica originaria, cuanto menos, de su fase formativa en la transición entre el Bronce Final y la Edad del Hierro, aunque seguramente más evolucionada que las estructuras más arcaicas, fosilizadas, hacia el Occidente (Galicia).

Con ciertas tendencias variables pero presentes de una forma u otra en todas las regiones, se advierte un progreso general hacia formas de vida cada vez más desarrolladas, marcadas por establecimiento de elites rectoras, nuevas formulas económicas, políticas e ideológicas para estructurar cada vez sociedades más complejas y, finalmente, una tendencia general a la vida urbana, cuya última consecuencia y materialización ocurrirá con la llegada del Imperio Romano.

Los vacceos pueblan la cuenca media del Duero, preferentemente sus asientos están cercanos a los ríos y sus poblados en los altozanos o partes dominantes. Eran pueblos belicosos y muy dados a la lucha, muy independientes de las demás tribus, las mujeres cultivaban las tierras y cuidaban la casa, pero las cosechas se distribuían por igual y si alguien ocultaba algo era condenado a muerte. Los hombres se dedican a la ganadería, eran cazadores y guerreros.

Por un texto de Diodoro conocemos de la existencia entre los Celtíberos de una benévola acogida a los extranjeros que acuden a sus comunidades.

Parece que sus divinidades eran dioses que imponían la hospitalidad, pues, cuando en tiempo de paz llegaba un forastero, lo recibían como un don del cielo, asimismo se pensaba que los dioses enviaban objetos, animales, etc., hecho que implica una protección especial de la divinidad. Los lugares sagrados eran rocas, fuentes, árboles o lugares elegidos para tributar el culto a los dioses.( Los pueblos de la España Antigua Juan Santos Yanguas)

Becilla unía además una ubicación en terreno llano y fértil; esto queda patente en su topónimo "vaikella" diminutivo de Vaika(vega), semejante al vasco "ibaika"(ribera). Se documentan las siguientes variantes gráficas a partir del siglo XI: "Vezella"(a. 1048), "Veçella"(a. 1078), "Veciella"(a.1097), "Viziela"(a. 1165), y "Veçiella en el a. 1309. Documentado en "La región Vaccea", pag. 172 de F.Wattenber, "Catálogo del Archivo del Monasterio de San Pedro de las Dueñas" e "Indice de Sahagún".(Toponimia de los valles del Cea, Sequillo y Valderaduey)

Surca el río Valderaduey en su tramo inicial la superficie del Páramo Palentino-Leonés, donde se asientan pueblos escasamente prósperos, con clara orientación hacia el SO, discurre por tierras de las actuales provincia de Valladolid y Zamora. Recibe por la vertiente izquierda en el termino de Villalpando, elNavajos o Ahogaborricos y aguas abajo cerca de Castronuevo el río Sequillo, por la derecha recibe al Aº Salado, eje central de las lagunas de Villafáfila. Después de recorrer 146Kms...desagua directamente al Duero, tan solo a tres km de Zamora. Es básicamente, típico río de la Tierra de Campos, de tierras llanas donde domina y tal como pone de manifiesto su propio nombre "Araduey" (del antiguo Aratoi, de ascendencia ibérica-vasca) encierra el significado de "tierra de llanuras".(Toponimia Prerrománica Hispana R. Menéndez Pidal)

Roma derrota a los cartagineses que, habían combatido contra los Vacceos, llegando hasta Zamora. Los cartagineses dominaron todo levante, mitad meridional de la península y el valle del Ebro, nunca se encontraron con nuestro pueblo expresamente, aunque sí con los hermanos de sangre, los vacceos. Pero no podrían evitar a los romanos que no solo someterían este pueblo, sino que le hicieron desaparecer sin dejar rastro después de su ocupación.

La era romana se llevo la materia humana, los pobladores de aquí, la riqueza de nuestra tierra, la libertad tan apreciada para esta gente, una forma de vida solidaria, espiritual y en armonía con la naturaleza, frente al materialismo devorador de Roma. Y estos nos pagaron después de todo con su cultura, sus leyes, su organización, sus vías, muy superior a lo que se podía soñar y esperar entonces, pero serían otros los que lo conocieron, traídos de más al norte, se creé que cántabros dominados. Desde que Escipión llega a Asturias en el año 218 a. de Cristo hasta que Agripa da por pacificado el norte de España en el año 19 a. de Cristo, la mitad norte de la península fue un escenario continuo de guerras.

Un hombre sobresale de todos: Viriato. Una ciudad pasará a la historia: Numancia.

Los pueblos han necesitado siglos e incluso milenios para salir de las realidades que les gobierna y rige: El devenir cotidiano con la tierra que habitaban. La comunicación con los demás, en guerra o en paz, con vecinos o invasores. Que dará una herencia temperamental histórica a los pobladores que irá lentamente cambiando hasta nuestros días.

Becilla de Valderaduey, Sobre la margen derecha del río, junto a la cañada zamorana, Becilla constituía al mismo tiempo el punto por donde atravesaba el Valderaduey la importante calzada que desde León llegaba a Rioseco. Además, desde Becilla y próximo a Ceinos de Campos salía un ramal hacia Aguilar de Campos desde donde se prolongaba por el Arroyo Navajos hasta enlazar en Zamora con Toro. Otra desde Becilla, pasando por la Unión de Campos iría a Valderas y continuaría a Benavente donde enlazaría con la que bajaba de Asturica (Astorga) a Zamora(Occelo Duri) y por el Este de Becilla se prolongaría hasta Palencia pasando por Villalón. Becilla de Valderaduey era un enclave, una encrucijada de comunicaciones, de vías romanas. Como lo es en la actualidad, nexo de comunicación de la meseta occidental con Galicia, Portugal, Asturias y meseta oriental, menos con la meseta central pero también.

En el Boletín del Seminario de Arte y Arqueología, de Valladolid, hemos ido consignando los datos que a través de la bibliografía, referencias escritas o visitas directas hemos podido reunir acerca de esta región y dimos la noticia de la existencia de un mosaico romano en la plaza Santa María de Becilla de Valderaduey, noticia comunicada por don Evaristo García, maestro nacional de esta villa. En la exploración no pusimos al descubierto la totalidad del mosaico, pero lo realizado permitió reconocer parte del mismo y hacer fotografías y dibujos que ilustran esta página. Es de traza geométrica, que diseña grandes octógonos que enmarcan una especie de láurea radiada, los octógonos están separados por cuadrados que inscriben otro, con el campo ocupado por triángulos unidos por el vértice en el centro, y alrededor de todo él corre una cenefa, compuesta por una faja cuyo campo está ocupado por un trenzado; otra, en la que diseñan motivos blancos y negros, alternados, de perfil conopial, y otra más ancha de tessellas blancas, sobre las que se destacan en negro motivos valorados por vástagos ondulantes, rematados en espiral. Los colores predominantes son: Blanco, negro, rojo y azul; las tessellas miden un centímetro por término medio. También se encontró un muro de mampuesto de 0,70 metros de espesor que limita el mosaico y avanza lo mismo que el mosaico, debajo de las construcciones modernas.

El mosaico encontrado en la plaza del pueblo, de cuyo hallazgo dimos noticia, y el tramo de calzada que reconocimos parcialmente, son suficientes elementos de juicio para pensar en un yacimiento romano. A los hallazgos realizados por nosotros hay que añadir los realizados en 1845, que fueron comunicados a la Comisión Provincial de Monumentos de Valladolid por Juan Ruiz Champurcin. Según este informe, en el pago de Quebrantarados, topónimo expresivo de las dificultades que hay para arar la zona a que se refiere, a causa de que la reja se engancha en las piedras existentes debajo de la tierra cultivada y se rompe, "quebranta", pago que está en las inmediaciones de la calzada que hemos reconocido, se hallaban "a cada paso lápidas enterradas a poca profundidad, y todas semejantes, unas con inscripción y otras sin ellas, y debajo tazas o copas, angostadas hacia la parte superior, con cenizas, y en algunas, además, monedas de plata y cobre, en las cuales un eclesiástico... aseguró haber leído distintamente el nombre de Claudius, lo que permite reducir aquellos depósitos al siglo del emperador". "Se encontraron diez o doce lápidas, con sus copas correspondientes, una de ellas era de piedra silícea de gran dureza, de forma irregular, con una inscripción expresiva de que la costeó y dedico una " Eutichia a los Dioses Manes en obsequio de su benemérito marido Julio... que murió de cuarenta y un años".(De la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos G.NIETO)

Por Becilla de Valderaduey pasaron los visigodos y los árabes (musulmanes) que dejaron constancia documental de su paso pero no de yacimientos arqueológicos que nos de razón de su presencia.

Los musulmanes, que dominaron esta zona durante dos siglos, la convirtieron en un desierto deshabitado por los peligros que entrañaba habitar estas tierras y por la falta de interés en ella, aunque hubiera alguna población espuria: Disidentes de los reinos musulmanes y cristianos que se dedicaban al saqueo y puede, que algún núcleo familiar resistente. Esta tierra lentamente se iría repoblando por un movimiento migratorio hacia el norte de colonos mozárabes para ocupar las tierras reconquistadas por los reyes astures. Los musulmanes, invasores, fueron expulsados por los reinos astures y leoneses tras el Duero, primero y tras el Guadarrama, más tarde. Haciendo incursiones hasta el siglo IX los almohádes, por las calzadas romanas, para saquear y fustigar al reino leonés hasta que Alfonso III, El Magno les expulsa. (De la Formación del Reino de Asturias. Claudio Sánchez Albornoz)

A partir del año 800 comienza la repoblación de este desierto. La repoblación despertó en las gentes del serrano reino de Asturias un espíritu de aventura y unas quiméricas esperanzas de medro y de libertad. Libertad, si el repoblador carecía de ella, al desplazarse al yermo, o si poseyéndola teóricamente, por su humildad de nacimiento carecía de apoyatura, de bienes; ahora le daba una oportunidad de propiedad de tierra, de fortuna.

La repoblación de las tierras al norte del Duero servía de frontera meridional, brindaba a los infanzones heredades con que asegurar sus privilegios; a las instituciones religiosas, patrimonios que les servirían de garantía de supervivencia; a los humildes de nacimiento bienes que les darían firmeza a su libertad; a los iuvenes inuptii emigrantes, tierras en las que asentarse.

La repoblación de las llanuras de los ríos al norte del Duero, como el Valderaduey, requería "romper con el pasado" que hasta ahí se había vivido, anhelantes en participar directa o indirectamente en el reparto del botín territorial, y dispuestos también a correr los peligros de la vida en tierras menos seguras que las abandonadas. La repoblación fue una empresa larga y compleja que conoció muchas etapas y muchos problemas. Se inicio por la acción individual de osados clérigos y laicos sacudidos por un espíritu de aventura y empujados por humanas apetencias vitales. Decía Fernán González:" Eran en poca tierra muchos omes juntados / de fambre et de guerra eran muy lacerados". Se formarán pueblos llamados los asturianos, gallegos, cántabros, meredeses, toldanos, cordobeses, etc.

En esta época se repoblaron estas tierras y campos bajo el mandato de el rey asturiano Alfonso III, El Magno aldeanos venidos de otras zonas, mediante las presuras: Llegando a una zona dando un toque de cuerno durante tres días, sino había respuesta se podía marcar y ocupar dicha tierra," fecimus presuras ubi culturas nostras extendimus" dice Vitulo, colonizador. El monarca asturleones había atraído a colonos mozárabes para repoblar los territorios por él conquistados. Tránsfugas mozárabes procedentes de Toledo tomaron parte en la construcción de la plaza de Zamora en el s. IX. A principios del s. X, monjes cordobeses repoblaron los tres conventos famosos: San Miguel de Escalada, al este de León; San Cebrián de Mazote, al noroeste de Valladolid y San Martín de Castañeda, al suroeste de Astorga. Un abad llamado Alfonso llegó desde Andalucía acompañado de algunos clérigos para fundar el monasterio de San Facundo, en la actualidad Sahagún, consagrado en el año 935. A partir de entonces, la mozarabización de la tierra leonesa y castellana se dejaría sentir no solo en la onomástica regional sino también en el vocabulario relativo a muebles, el adorno y el vestido, así como en la terminología de las instituciones y la construcción.

Se detecta en la documentación que en el siglo IX y comienzos del s. X a través de las luchas expansionistas a la vez que defensivas de los reyes asturescristianos con los ocupantes islámicos (almohádes) se consigue el territorio y se organiza la instalación en el, mediante la repoblación y se van creando los marcos básicos de convivencia.

La primera de las células repobladoras, la comunidad aldeana, entendemos por tal la agrupación humana de varios troncos familiares independizados, cada uno de ellos es titular de una porción o porciones del espacio atribuido a la comunidad, se instalaron al margen de la vieja villa de tradición romana. Unos y otros constituyen, sin duda, las raíces de la que sería villa en manos de señoríos y abadengos. Los pequeños propietarios, por deudas contraídas o por ganas de seguridad, acababan entregando su propiedad al señorío personal y en adelante serían simples usufructuarios. Los campesinos quedarán adscritos no al señor sino a la tierra, y su primitivo alodio quedará convertido en una parcela de un señorío territorial, en unos casos, en otros de un abadengo. Así se forman los marcos básicos de convivencia. Los campesinos pasarían a ser dependientes.

A partir de estos fundamentos, las poblaciones de familias o pobladores procederán a la explotación del territorio. La explotación más frecuente es la agraria en Becilla de Valderaduey, en especial de cereales, base de la alimentación hispanocristiana, complementada con la ganadera. El pan es el principal alimento siendo los demás productos simples acompañamientos del mismo. Difiere la calidad del pan consumido, los ricos comen pan blanco, constituido exclusivamente por trigo, mientras los campesinos deben mezclar trigo con cebada, centeno o incluso la avena. Como los rendimientos no son muy altos ( se considera que se recogía un rendimiento de 3,4 a 4,2 por unidad de siembra para trigo y cebada) se va incrementando el espacio de cultivo y como se empieza a desarrollarse un comercio importante con la lana y el queso; ocasionalmente entra en conflicto la agricultura y la ganadería hasta que se regula. Con relación al movimiento roturador, no son los señores, deseosos muchas veces de defender los islotes forestales, asiento de riqueza ganadera y refugio de caza, quienes lo estimularán de forma decisiva; a ellos se debe, desde luego, algunas empresas colonizadoras. Pero el proceso de ir ganando terreno al bosque es más bien obra de colonos y siervos que aspiraban a mejorar su fortuna ya que esos predios eran parcialmente enajenables por sus roturadores.

La Edad Media es ante todo, una época campesina: La tierra es entonces la gran protagonista; en ella se emplea el esfuerzo de casi la totalidad de los hombres y a través de sus relaciones en torno a la posesión y disfrute, se estructura toda la jerarquía social, de la que sólo unos pocos, alguno es comerciante, mercader, y no estará en contacto obligado con el suelo.

Así nos imaginamos una mayor población siempre ante los grandes peligros y riesgos que, sin remedio, acechan sus cosechas, sus ganados y daría para una literatura histórica muy extensa, cargada de vicisitudes y tragedias humanas. Los otros, los mercaderes o comerciantes, expuestos al peligro de los caminos solitarios. El comercio era el más peligroso de todos, ya que con frecuencia eran víctimas de bandidos que robaban a mano armada las mercaderías y apresaban al comerciante para cobrar por su rescate. A esto se sumaba el pago de derechos que debían pagar por sus productos durante el trayecto, los que no eran pocos si se consideraba el cobro de entrada, de salida, en cada señorío, en cada ciudad y en cada puente. Dada las difíciles condiciones de comunicaciones y transporte, era imprescindible durante la Edad Media abastecerse de productos para un largo periodo de tiempo; de aquí la importancia de las ferias. Estas se formaban cuando comerciantes procedentes de distintos lugares se reunían en fecha fija en ciertos puntos llevando gran cantidad de mercaderías, y atrayendo a cientos de compradores que no solo se acercaban con el objeto de comprar sino también para divertirse con las presentaciones de acróbatas y titiriteros. Ejemplo de Benavente, Medina de Rioseco, Villalón y Valderas las frecuentadas por nuestros paisanos de esos años -aun se celebran con otro contenido, pero igual sentido comercial- A través de los siglos XV y XVI Medina de Rioseco y Villalón alcanzarían carácter internacional.

Destaca el carácter arcaico de León y Castilla durante el período astur. Una muestra de ello es la falta de acuñación de moneda, utilizando una equivalencia de trueque de productos entre sí. Aparecen documentados los pagos en sólidos (sueldos), se traducían las especias a un valor numerario, que no era una moneda propiamente, sino un artículo determinado.

Los habitantes medievales vivían prácticamente encerrados en las poblaciones, debido a que se construían entre muros, tapiales en Becilla, aún hay constancia duradera de ello, para evitar peligros de ataques y rapiñas. Las calles estaban mal diseñadas, nadie se preocupaba de su alineamiento y cada cual construía su casa como le parecía. Por lo general eran sucias, ya que la única alcantarilla o desagüe era un arroyo en medio de la calle, por donde corría la sangre de los animales que mataba el carnicero y al que se echaba todo tipo de basuras, huesos y aguas sucias. Tampoco había iluminación, y para salir de noche había que llevar una antorcha o farol. Como consecuencia de la forma como se edificaban las casas -una al lado de la otra- y la falta de higiene, las poblaciones se encontraban siempre expuestas a los incendios y la propagación de enfermedades. Así, no era poco frecuente que cuando una vivienda se incendiaba, el fuego se extendiera a las viviendas de los vecinos.

En la lectura de los documentos se ve que la compra, venta, cambio o donación; cuando se enajena una tierra es, realmente, el derecho a tener la fuerza productiva de los hombres instalados o de los que sobre ella se instalarán para posesión de las rentas que pueden obtenerse. .Los titulares gestionan los espacios concretos, repartidos por parcelas con sus unidades familiares para la explotación, a titulo de tenencia, con campesinos dependientes con una interpretación abusiva por el dominus o señor del territorio, aunque exista casos de familias explotadoras de terrenos, en sistema alodial, propiedad libre de diezmos y gravámenes, pocos si había alguno, por concesión de un señor o gran propietario. El resultado es: la mayoría de la población becillanocristiana, parece trabajar para una minoría a través de varias formulas; el concepto de propiedad de la tierra se difumino en la Edad Media; casi todos trabajan y de su trabajo viven los demás.

La jerarquía social esta ocupada en primer lugar por los clérigos, a través de ellos las gentes se relacionan con el más allá y su función se recompensa entregándoles tierras, animales y productos en forma de diezmos y primicias, a la hora de recibir los sacramentos y donaciones a la hora de morir. Siguen los guerreros, imprescindibles en una sociedad amenazada e insegura y para ellos se reserva la dirección de la sociedad y cargos públicos, en último lugar están los trabajadores de cuyas manos sale todo cuanto necesitan los clérigos y guerreros, además del rey. Así, los aldeanos se podrán quedar con una pequeña parte si son propietarios, sino les ofrecen una pequeña parcela para que la usufructúen a cambio de su trabajo o les pagarán un sueldo en especias por el trabajo para que sobrevivan.

Las diferencias sociales y económicas del siglo X en el reino de León, por lo tanto en Becilla de Valderaduey, tienden a ampliarse entre el siglo XI y XIII. Los pequeños propietarios, dueños de la tierra que cultivan, van perdiendo su propiedad a favor de la dependencia de un noble o de un centro eclesiástico a medida que van tomando importancia y riqueza. Muchas son las razones, un préstamo en años de malas cosechas y no devuelto a tiempo se saldará con lo único que posee el campesino, la tierra; para hacerse perdonar delitos cometidos, que juzgan los poderosos; para con su tierra pagar tributos que el señor tiene derecho a cobrar; presiones por intereses del poderoso por desear su terreno para concentrar parcelas dispersas de otras donaciones. Privado de la tierra, el campesino se ve obligado a ofrecer su trabajo a un propietario, que le entregará en usufructo una parcela o su antigua propiedad a cambio de reconocimiento de su señorío, de que sea vasallo, de que acepte sus tributos y ciertos días al año para su disposición. Estas situaciones hace que se creen grandes propiedades laicas y eclesiásticas, así se llega a situaciones como el fuero concedido a Sahagún en 1085 a petición del abad Bernardo: " no tengáis nunca otro señor que el abad y los monjes", y el reconocimiento de esta dependencia se plasma en el pago de un sueldo y dos dineros por el suelo, por el derecho a poblar en Sahagún, al que se añaden la entrega de un sueldo anual, la renuncia a poseer horno, medidas y pesas - son monopolio del señor que cobra por su utilización -, la prelación de los monjes a vender el vino ("cuando los monjes quieran vender su vino, ningún otro en la villa, puede venderlo"), reconocimiento prioritario de los monjes a comprar los paños, pescado fresco y leña, la imposibilidad de vender la tierra a quien no sea vasallo del monasterio. Todo esto no se realiza sin resistencia por parte de los vasallos, llegando a recurrir a la violencia, fundamentalmente cuando los señores están enfrentados pero aunque algo se consiguió, a la larga el afianzamiento de la clase pudiente seguía.

Los hombres de Behetría, los que se entregaban a un señor para que los defendiera y protegiera, también han de reconocer su dependencia pagando cuatro sueldos anuales en concepto de fonsera, es decir como redención del servicio militar que teóricamente estaban obligados a prestar y que ahora realizan los guerreros a cambio de compensaciones económicas y sociales. Inicialmente el hombre de behetría puede moverse, ir donde quiera, tiene libertad de movimiento y puede elegir como señor a quien mejor le defienda. Esto es común a todo el reino de León (1156). Los tributos con que se reconoce la dependencia, suelen ser posada y alimentos cuando visita el lugar, leña, hortalizas en cantidades acordadas; así, solían tener derecho a berzas, puerros y habas verdes en cada huerto de behetría "quanto podier encerrar entre suas manos, que lleguen los dedos de la una mano a los de la otra" y a cinco pies de coles; a las caballerías del señor el hombre de behetrías les dará para la cama, "de tres dedos travieçes en alto" de paja más la que necesiten para comer, tres veces al día, y una vez cebada. Se equiparaba a hombres y ganado, así el cuidador de los animales recibe la misma cama que el caballo y, lógicamente, distinta alimentación en la que se incluye un vaso de vino al día.

La propiedad campesina, entre los siglos XI y XIII se comprende y forma de: Tierras de cereal, viñedos, prados, huertos y construcciones para vivienda, establos, graneros, pajares, cobertizos para guardar instrumentos de trabajo, para transformar los productos (molinos, hornos, lagares). La producción, los cereales mayores, trigo cebada y centeno, y en menor medida avena, yeros, algarrobas, garbanzos; hortalizas, berzas, coles, cebollas, ajos, puerros; frutales que producen, moras, cerezas, higos, manzanas, almendras, ciruelas, membrillos, duraznos(melocotones); hay un refrán castellano: "Peras de vino y vino de durazno". Se solía macerar el vino con trozos de melocotones para suavizar y aromatizarle; la miel y la cera.

En Becilla, la tierra de labor estaba dividida en dos partes u hojas, cada una de las cuales se sembraba cada dos años, mediante el sistema de rotación bienal; en muy pocos casos se alterno la siembra de cereales con la de legumbres o con la de lino, que permitía enriquecer la tierra y disminuir el tiempo de barbecho. Las tierras estarían sin cultivar uno de cada tres años, darían dos cosechas cada tres años en lugar de una cada dos años. Con el tiempo se haría frecuente parte de las tierras se sembrarían de cereal, luego de legumbre o lino y barbecho para aprovechar dos cosechas en tres años.

Las labores que recibían las tierras según algunos fueros zamoranos en los siglos XI -XIII, se habla hasta de cinco vueltas antes de sembrar, aunque lo normal sean tres. Las viñas eran excavadas, podadas y abonadas anualmente mientras que no se menciona el abono al hablar de tierras de cereal.

Los aperos de labranza mencionados son los yugos, arados, trillos y carros con todos sus aditamentos: coyundas de cuero o esparto (correa para unir los bueyes al yugo), melenas de esparto (arpillera que se ponía entre la testuz y el yugo para evitar rozaduras a los bueyes), sobeos y medianas (cuerda o tira de cuero que une yugo y arado, barzones (anillo a través del que se unen arado, carro o trillo al yugo, rejas y arrejadas (vara terminada en forma de paleta para quitar la tierra que se pega a la reja). El ajuar de una casa campesina solía ser según un documento zamorano de 1276. Junto a los rastros para la paja, están las azadas, azadones, celemines, cestos, cribas, herradas, cepos, cubas, artesas, sartenes, calderas, trébedes, morteros de piedra, escudillas, cuchillos, vasos, escaños (bancos de madera con respaldo), camas con sus mantas, colchones y cobertores...

En nuestras tierras existe la cañada real que cruza el pueblo y hoy en día es usada por los pastores con sus ovejas para transitar de los apriscos a los barbechos que les corresponden por sorteo cada año. Desde la Edad Media pasaban los rebaños de muchos miles de cabezas merinas que procedentes de los pastos de invierno extremeños por la cañada zamorana se acercaban a la cañada leonesa a los pastos de verano de los montes de León. Eran días de medio fiesta y se recibía a la mesta con regocijo y a los sacrificados pastores. Hacían sus fuegos cocinaban sus migas y nosotros les observábamos con gran curiosidad por sus enormes mastines con grandes collares de púas, no habitual para nosotros. Desde 1273 Alfonso X no innova, se limita a reconocer y dar carácter oficial a una organización ya existente, su papel se redujo a reunir en un solo organismo la mestas de Cuenca, León, Soria y Segovia. La Mesta es corregida por las Ordenanzas de la Mesta, de las que se conservan las aprobadas por los Reyes Católicos en 1492.

Los abadengos del monasterio de Sahagún, de Oña a veces tienen posesiones a cientos de kilómetros del monasterio. Las formas de explotación directa también existen en los señoríos mediante sernas, prestaciones laborales del grupo de campesinos, como dependencia por la instalación en sus tierras, aunque también poseían siervos para ello, hombres dedicados exclusivamente a su servicio. En 1266, los hombres que el monasterio de Oña tenía en Becilla debían hacer sus servicios cada quince días y en época de recolección cada ocho y se va reduciendo hasta dos al año, uno para sembrar y otro para trillar y luego llegan a variar cada quince días a cuatro; una para sembrar, otro para trillar, un tercero para barbechar y el cuarto para vendimiar. En todos estos casos la alimentación corría a cargo del señorío y se proporcionaba a cada labriego, dos libras de pan, una de trigo y otra de camuña, mezcla de trigo y centeno, vino, queso y cebollas. A cambio los labriegos deberían aportar sus yuntas de bueyes o caballerías con sus aperos correspondientes o simplemente sus propios brazos.

La Catedral de León y la Orden de Calatrava tuvieron parte en el dominio sobre las iglesias de Becilla: Santa María, Santiago, San Miguel, San Salvador, pertenecientes al obispo y a la Orden de Calatrava, prueba de ello los escudos de armas en el artesonado de la Iglesia San Miguel y en la parte alta del retablo principal ,de la Iglesia de Santa María, el escudo de armas de los de Ayala, señores de Uribarri-Gamboa, salvatierra, Haro y Mena. Las iglesias de San Pedro depende del Monasterio de Sahagún.

Al menos otras dos iglesias existieron en el término de Becilla, hoy considerado como despoblado: Santa María de Valdetolo y San Martín. Santa María de Valdetolo existió al norte de Becilla, perdura en el nombre del Aº de Valdetuelo y termino del mismo nombre. Se realiza la donación de éstas en 1048 por el Conde Gutier Alfonso (nacido en esta villa) y su mujer Dª Goto en favor de su hermana Urraca, abadesa de San Pedro de Dueñas y las monjas de éste monasterio, a las que donan tres "arançadas" de viñas en "Vezella", pertenecientes a la heredad que fue de Flaino Roderiquiz, y todo cuanto poseen en el citado lugar de Becilla, y los Monasterios de San Pedro, junto al río Araduey, y el de Santa María de Valdetolo ( ac deinde in rivulo aratoy uno quod vocant monasterio santo pedro et alia de santa maría in valdetolo). Otra donación sería efectuada en 1051 en época del abad Alvito, en estima hacia su gran virtud, doña Tigrida y su hijo Munio Velazquez le donarán sus aciendas de la villa de Becilla. Don Alvito sería promovido al Obispado de León a la muerte del obispo Cipriano. En 1070 doña Adosinda Gutierrez, monja, o Deo vota, hizo donación al Monasterio de Sahagún y a su abad D. Fernándo de la mitad de sus posesiones en Becilla y sus aldeas. (Historia de Sahagun Lib. II Cap.I)

Huerta de San Martín dos Km al NE del pueblo de Becilla en la izquierda del río y cerca de la carretera a Villada donde existió una iglesia, en este pago se ha encontrado un yacimiento romano, perteneció también al Monasterio de Sahagún.( De "Toponimia de los valles del Cea, Sequillo y Valderaduey")

Becilla de Valderaduey. Aparece este pueblo vinculado en su historia a otro lugar hoy desaparecido: Otero de Araduey y así lo ponen de manifiesto los documentos en que se reseñan las donaciones realizadas al Monasterio de Sahagún en éstas villas, curiosamente mencionadas juntas en muchas ocasiones: in Otero, et in Villella (año 1186)......, in villa que dicitur Otero de Aradoi, et in Villella de Aradoi (año 1219).

No todo fueron donaciones las realizadas de éstas tierras al Monasterio de Sahagún, sino este potente cenobio en tiempos del abad D. Pelayo (1203-1209) mantuvo una serie de pleitos para defender las posesiones que le pretendían arrebatar : Así, "tuvo que litigar con el Arcediano de León. Sobre la jurisdicción ordinaria en San Martín del Otero de Araduey; y contra los vecinos de ésta villa sobre que pretendían, sin su licencia, fundar en ella Cofradías, y tenían ya fundada una llamada de la Resurrección". Al fin el mencionado Abad ganó los pleitos y en 1205 el concejo de Villella y de Otero de Aradoi restituyen al Monasterio la iglesia de San Martín que hacía años tenían usurpada.

En el Códice 13 del A.C.L. figura Otero y su iglesia de" Sant Martino", perteneciente al "coçeio. E da terçia al prestamero maestre Pedro de Morionero; e la otra terçia al rei; e la otra a los clerigos; e da II maravedis en procuraçión".

La orden militar de Calatrava fundada 1158 tiene posesiones en Becilla de Valderaduey. Los templarios, encargados de la defensa de Calatrava, que protegía Toledo, abandonan la fortaleza en 1157 y su defensa fue confiada por Sancho III al abad cisterciense Raimundo de Fitero que creó una hermandad de clérigos y caballeros bajo la regla del Cister, modificada para adaptarla a la actividad militar de los freires y freiles, como se denomina a estos monjes/soldados que tendrán un papel decisivo en la conquista y repoblación de Andalucía, Extremadura y La Mancha. Los recursos para las campañas militares proceden de las propiedades que los calatravos reciben en Castilla y León. Parte de sus propiedades son adquiridas en este pueblo Becilla de Valderaduey.

Más tarde (antes de la primera mitad del s. XIV), quedará despoblada la villa de Otero de Araduey pues no figura en el libro Becerro de las Behetrías, dejando aquí su recuerdo en el sobrenombre que adopta Villella, mencionada en este Becerro como Villella de Otero (Tomo II, Cap. IX, Merindad de Saldaña, nº 159, pág. 84).

De la iglesia de San Martín nos queda hoy también el recuerdo, ya que se mantiene también ésta misma advocación en la iglesia parroquial de la Velilla de Valderaduey.( R. Escalona, Historia del Monasterio de Sahagún)

La orden de Calatrava, vendio las posesiones de la villa de Becilla de Valderaduey a don Alonso Pérez de Vivero (contador de don Juan II y quien construyó el palacio de los Viveros en Valladolid, donde se casaron los Reyes Católicos) 1449-1450.

doña Inés de Guzmán, titulada Duquesa de Villalba, viuda de Alonso Pérez de Vivero, por Escritura del 4 de julio de 1468 ante Juan López, escribano de Villalba de Alcor, hizo donación a don Diego Ossorio, su entenado y yerno, para el casamiento con su hija doña Inés de Vivero y Guzmán, conocida como Inés de Guzmán hija, tuviera la villa de Vecilla de Valderaduey. El marqués de Astorga dio a su cuñada Ines de Guzmán hija, los lugares de San Justo de los Oteros, Villafañe y Matadeón, en equivalencia de la parte que tenía en Vecilla de Valderaduey, sobre que despachó su mandamiento, para que la tuvieran por su señora los vecinos de aquellos pueblos, dado en Astorga del día 15 de junio de 1469, y refrendado por Pedro Sánchez de Portillo, su secretario.

El marco histórico del siglo XV en el reino de Castilla y de León tras la muerte de Enrique III, en 1406, y el advenimiento de su hijo y sucesor Juan II menor de edad por lo cual la regencia pasaría a su tío Fernando de Antequera y de la reina madre Catalina de Lancaster, seria caracterizado por las intrigas de los nobles por obtener las mayores prerrogativas y grandes posesiones territoriales. Las luchas nobiliarias se suceden sin cesar y llegan a su cenit con el valido del débil monarca Juan II, el prepotente don Alvaro de Luna. Según las crónicas y juicio de Fernán Pérez de Guzmán: "Un rey menguado que nunca una hora sola quiso entender ni trabajar en el regimiento del reino", había dejado la gobernabilidad de sus reinos, más dedicado al arte y distracciones lúdicas, dando total autoridad de gobierno a don Alvaro de Luna nombrandole Condestable de Castilla. Este mandaría asesinar a don Alonso Pérez de Vivero, contador del rey y encumbrado por el mismo, alcanzando el punto más critico. Pasa el tiempo, es muy odiado y cae en desgracia para la reina, segunda esposa de Juan II, Isabel de Portugal. El Comisionado en nombre del Justicia Mayor del Reino, el alcaide don Diego de Estúñiga (o de Zúñiga), con alguaciles y gente de armas le prende en nombre de la reina. El proceso es una farsa, unos días de juicio frenético con final ineludible en el patíbulo. Don Álvaro sube con entereza al cadalso en Valladolid el 2 de junio de 1453, después de una vida que roza lo increíble y de hechos que trascendieron a su tiempo.

Fernán Pérez de Guzmán, sobrino de don Pedro López de Ayala canciller del rey Juan I de Castilla, tío del marqués de Santillana y bisabuelo de Garcilaso de la Vega. Se dedico a su obra literaria casi por completo, vivió en una época turbulenta, con una corte donde solo reinaban Cobdicia de alcanzar e ganar, engaños, malicias, poca verdad, cautelas, falsos sacramentos e contratos, e otras muchas e diversas astucias e malas artes. Los hechos más significativos de su vida pueden comprenderse a través de su obra poética: "Coplas de vicios e virtudes", "Cronicas de Juan II"

Es incuestionable que la sociedad iría cambiando, lentamente, el aumento demográfico de Becilla, la población iría aumentando, y como consecuencia la presión sobre las necesidades productivas de la tierra y estructura de la misma. Consecuentemente aumenta la demanda comercial y la mayor fuerza productiva para obtener rentas con que satisfacer nuevos servicios. Se va creando un ámbito de artesanos que abastecen un comercio local incipiente y su excedente lo trasladarán a los mercados comarcales. Junto a la producción cerealista, la producción de vino fue la que más aumento conoció. Se organizo el aprovechamiento del terreno señalado en las Ordenanzas Municipales, a finales del siglo XV y en el siglo XVI se generaliza la división de la tierra de cultivo en suelos u hojas de cultivo, de forma que todas las fincas de un término municipal que se encuentran en la misma fase de rotación de cultivos se concentran en una misma zona de dicho término. Las viñas se encuentran también concentradas y agrupadas en pagos. De esta forma los ganados estantes locales podían aprovechar los pastos espontáneos y rastrojos mucho mejor, lo que permitía incrementar el contingente ganadero local y proteger las cosechas de las incursiones del ganado. La división del terreno en hojas de cultivo acabó con el caótico paisaje agrario que nos describe la documentación medieval.

De la fuerte presión de la demanda sobre la oferta es testimonio los precios agrarios que en el siglo XVI que en su conjunto conocieran la mayor alza, llamada "la revolución de los precios" y nació una industria local importante la harinera. Prueba de ello"la fábrica" y dos molinos. En el período 1501/1519 la fanega de trigo era de 110 maravedís y en el período de 1582/1600 el precio máximo se fijó en 476 maravedís la fanega de trigo, cuatro con treinta y dos veces mayor.

Referente a la extensión de los cultivos, una parte que se puso en cultivo, era propiedad privada, pero otra parte mucho más extensa, era patrimonio colectivo del pueblo, con el nombre de bienes concejiles, comunales, baldíos, etc. Estos bienes consistían, por lo general, en montes y zonas de pastizal que tradicionalmente eran objeto de aprovechamiento colectivo y gratuito para los vecinos del pueblo (para pastos y leña). Las roturaciones de rapiña no controladas fueron muy frecuentes por lo que hubo que legislar la necesidad de respetar intactos los bienes para aprovechamiento general. No se beneficiaron por igual todos los vecinos, como siempre los más acomodados que disponían de medios, ampliaron sus explotaciones. Los más acomodados fueron los que ocupaban los cargos municipales, la oligarquía local y que se solía denominar:"Los poderosos". Los Reyes Católicos hubieron de promulgar la célebre "Ley de Toledo". En 1492, en una pragmática pregonada en Valladolid el 23 de Julio, se insistía sobre lo que "los oficiales de concejo restituyan lo que tienen ocupado y tomado a los concejos de los términos de rentas" .Carlos I volvió a reiterar en varias ocasiones la necesidad de cumplir estas disposiciones. Pero durante el reinado de Felipe II la actitud oficial cambió radicalmente. La Hacienda se da cuenta que esto puede proporcionar importantes ingresos al Estado. La Hacienda real afectó a los llamados baldíos de los pueblos, que cuya propiedad era de dudosa atribución se esforzaron en demostrar que pertenecían al Rey que había hecho concesión tácita del usufructo a los pueblos en la época de la repoblación del territorio. La venta de las tierras baldías por parte de la Hacienda real se inició en 1557 y se culminaría en los años ochenta (Las zonas más afectadas fueron las tierras de Valladolid y Zamora), lo que benefició a los que tenían mayor capacidad de compra, los ricos. En realidad la Hacienda real solo vino a dar continuidad y a potenciar un proceso que había comenzado mucho antes por iniciativa de los grupos oligárquicos, cargos municipales,de los pueblos de Castilla.

Al incremento de la superficie cultivada está el tema de la progresiva sustitución de los bueyes por mulas como ganado de labor. El empleo de mulas resultaba más ventajoso que el de bueyes en esta fase expansiva de la agricultura por dos razones fundamentales. La primera, porque al estar cada vez más alejadas de los núcleos de población las fincas que se iban poniendo en cultivo, la utilización de mulas permitía un creciente ahorro de tiempo en los desplazamientos. La segunda, porque la progresión de los cultivos sobre los pastizales comunales redujo considerablemente las superficies de pastos frescos concejiles (prados, sotos), donde tradicionalmente había pastado sin coste alguno el ganado boyal, los bueyes, que los vecinos del pueblo empleaban para la labranza. Nunca desaparecieron estos prados comunales del todo y aún existen. En tiempos conocidos por mí había un corral de tapiales, se llamaba "el corral de la Villa, el mulatero", donde se reunía el ganado mular, equino y asnos para ser conducidos a los prados del municipio a pastar, en tiempos fuera de las labores, guiados por los guardas del mulatero, Jose de la Rosa y Nicasio, en mi juventud. Hoy en día son aprovechados por el ganado lanar y existen terrenos municipales de rotura y cultivo ( los octavos) que son usufructuados bajo subasta pública.(Historia de Castilla y León -Ambito ediciones, S.A.)

En mayo de 1855 entra en vigor la Ley de Desamortización General civil y eclesiástica; apenas habían transcurrido unos meses desde el cese de las enajenaciones decretadas por Mendizábal, cuando el principal impulsor de un nuevo proyecto, Pascual Madoz, obtenía en el Parlamento la aprobación de la nueva política desamortizadora.

En la Tierra de Campos, era la comarca en la que se había procedido a la enajenación de un patrimonio más significativo, se desamortizo un patrimonio cercano al 45% de su superficie. El remate de estas fincas ascendió a la suma de 27.212.968 reales y la cotización alcanzada por las mismas fue del 144%. Que correspondían a 930 entidades afectadas, cuyas propiedades titulares eran de una extensión inferior a 20 Has. El clero secular resultó el principal afectado por la desamortización de Mendizábal.

Así en Becilla de Valderaduey, terreno catastrado 3.880 Has. Desamortizadas 64 Has. Que correspondía al 2%. Lotes o heredades desamortizados 10. Numero de parcelas desamortizadas 75. Tierras de labor 64 Has. Valor total de la tasación 88.686 reales. Valor total del remate o venta 266.155 reales. Cotización: 300%. De lo que deducimos que fueron los labradores acomodados los que se sintieron favorecidos para pujar en la subasta. Puede decirse que el alcance social de la participación fue nula o muy escasa. La cultura y economía de Becilla también se plasma en el siguiente axioma: " El labrador siempre tiene bastante dinero - aunque no lo tenga - pero nunca tiene demasiada tierra". De ello se deriva que el propietario invertía sus ahorros, no en la mejora de sus tierras, con el deseo de una mayor producción y garantizar así las cosechas de años futuro, frente a posibles accidentes naturales. El labrador parecía no conformarse nunca con la naturaleza de su labranza, por lo que, a la postre, "cultiva más de lo que debe, y esta tendencia equivocada es causa de que los mismos que tienen propiedades para un par de mulas, aspiran a tener dos con tierra arrendada". Teniendo así una normal penuria, generalizada, con falta de recursos para poder realizar hasta la recolección. Así no crea un deposito de recursos para años de sequía, granizo, inundaciones por lluvia, en vez de invertirlo en compra de más tierra. Así surge una de las notas sustantivas de la economía rural: El recurso al empeño por necesidad o hábito sobre las cosechas venideras para hacer frente a veces para las necesidades más perentorias. Que es la piedra de su mayor sufrimiento y causa de perdida, para algunos, de sus posesiones.

Becilla de Valderaduey en 1886, villa con ayuntamiento en la provincia, audiencia territorial y c.g. de Valladolid, partido judicial de Villalón, diócesis de León. Situada en una pequeña elevación a las márgenes del río Valderaduey; goza de clima sano. Tiene 460 casas ; la del ayuntamiento; una hermosa fuente de buenas aguas con dos caños y un gran pilón; escuela de instrucción primaria, común a ambos sexos, a cargo de un maestro dotado con 1.630 reales; dos iglesias parroquiales Santa María y San Miguel, servidas cada una con su respectivo cura y sacristán; dentro de la población, en la parte más elevada hacia el norte, se encuentran varias bodegas para conservar el vino. Confina el termino con los de Castroponce, Villacid, Villavicencio, Urones y Mayorga. El terreno bañado por el mencionado río Valderaduey, sobre el que hay un puente de piedra con tres arcos, es de buena calidad. Caminos: los locales, el que conduce a Zamora y el que desde Valladolid conduce a León. El correo: se recibe y despacha en Mayorga. Produce: Cereales, legumbres y pastos, con los que se mantienen las yuntas necesarias para la agricultura. Industrias: la agrícola, una fábrica de ladrillo y dos molinos harineros. Comercio: Exportación de los frutos sobrantes e importación de los artículos que faltan. Población: 195 vecinos, 824 almas. Capital producido: 1.758.640 reales.Importación: 84.000 reales.(Madoz, op. cit, p. 243)

Becilla de Valderaduey, es una tierra con un hondo sentido de la dependencia de sus raíces, la tierra, la herencia de sus padres y una resistencia a la adversidad inaudita, con un pesimismo secular y la nostalgia de la dignidad y valentía de las gentes del pasado para conservar y defender su legado; ahora herida por la decadencia y abandono de los hijos por una vida mejor en las ciudades u otras regiones con más fortuna.

Los labradores y ganaderos se han visto obligados a sufrir durante siglos inclemencias, desdichas, penurias e incluso a huir de sus campos en busca de fortuna con dolor y angustia.

¡Rudos,violentos,crueles,huraños,pícaros!¿Como podrían ser suaves y sensibles, forzados a luchar con el cielo, con la tierra, con los señores de cada momento, con sus hermanos de desgracias año tras año, generación tras generación, siglo tras siglo?A la menor flojera, la miseria.

La infraestructura económica ha sido poco favorable, para una vida fácil en esta tierra nunca ha habido ayudas, sí exigencias y poca valoración de sus productos, unos años malos, unas heladas a destiempo, unas estaciones de sequía y la miseria. Ahora algo ha cambiado con la P.A.C.(Plan agrícola comunitario).

Pero la fuerza misteriosa que el ser humano pasee ayudará a superar los acontecimientos, la propia vida, elevándose sobre sus propios valores, la misma naturaleza y liberando los conceptos, encontrará la mayor dignidad y el espíritu del ser humano más depurado; dandose cuenta de su libertad para ir transformando sus circunstancias irá mejorando las condiciones de vida, perfilando su destino más sublime para ser como quiere ser. Por lo cual estas tierras han dado grandes personas.

La vida cotidiana era rica en actividades en anécdotas, sucesos y señales de identidad. Pero este tiempo ya paso y quiero con cierta voluntad dejar una pequeñita huella para los jóvenes que conocen otros tiempos. Alzar, binar, sembrar, escardar, abonar, la siega, el acarreo, la trilla y la limpia el afán de esforzados, el pastoreo, el ordeño, hacer el queso, venderle en el mercado todo un desafío diario y nuestros voluntariosos paisanos que no cedían al buen humor a las sensaciones de vivir a jugar unas cartas al mus, al julepe, al domino y los más avezados al juego, el subastao; en casa Celerino, Rufino, Bar Peña, el Teleclub, el Caserío, el Miño, la Perla,etc..

Las fiestas patronales San Isidro, labrador, las fiestas devocionales, cada una con un sentido devocinal y una celebración lúdica que llenaba el pueblo de una luz peculiar, una oportunidad para descansar y formar los corros de conversación para sacar a orgullo las habilidades laborales y festivas.