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En esta llanura mesetaria de cereales extensivos, la alternativa esta entre la monotonía del paisaje y el encuentro con quienes los habitamos, así es Becilla de Valderaduey, llena de suaves ondulaciones, tesos solitarios, pandos y reguerones excavados en estas tierras arcillosas por el agua de escorrentía de los campos; en un paisaje áspero y desnudo. Dónde lo que predomina es la monotonía de los tonos marrones deslucidos de campos abrasados por la intemperie, destacan algunos manchones verdes de los alfalfares. Entre cavones, barbechos y rastrojeras esperando ser modificados por el esfuerzo y la labranza del arado, el cultivador; a penas, hay algún árbol desperdigado y algunas zarzas solitarias. Esta dureza del terreno ha ido desarrollando una serie de rasgos característicos en la gente que lo ocupan, la sobriedad y cautela escogida, con un espíritu esforzado y taciturno pero amable cuando se arranca. Así el pastor, que se arraiga y naturaliza, entre rastrojos, labrantíos, cardos secos y corredores sobre la desolada tierra. El es el custodio de los campos y los animales que pastorea y humaniza. Este tipo humano, serio, grave a la vez que astuto y socarrón, si es necesario se resignará al legado recibido y las condiciones estructurales escasas que no le ayudan demasiado y en su oficio le dará un beneficio restringido, pero ha ido progresando y creando un patrimonio suficiente que le da estabilidad. Nunca le he conocido en huelga manifiesta aunque esté descontento, se ha acomodado a su forma de vida. Creo que por el gusto a esos horizontes amplísimos, la luz fulgente del sol y la autonomía que dan los cielos abiertos puros e inmensos.

El pastor, tiene en su quehacer, un propósito consecuente y cierto, consolidarse, sustentarse y tener un porvenir familiar. Que en casi todos los casos se ha cumplido la premisa mayor y en muy pocos la premisa menor de continuar familiarmente su oficio; a veces, he escuchado a modo de lamento y pesimismo: El oficio de pastor ha sido y es una dedicación en peligro. El esfuerzo diario, la dedicación, es mucho y muy exclusivo. Sin derecho a tiempo libre, si encima, no solo no ganas un sueldo, sino que ves que puedes arruinarte ¡que haces! Pero ya es tarde para buscar el futuro en la ciudad. Verás, que pocos pastores tienen una casa en la capital, ¡para qué! si no tienes tiempo para disfrutar de ella, me dice Luis, cargándose de razón, por lo que yo estoy al corriente; recorro en un soplo todo el gremio, es cierto, mayoritariamente.

Reconstruyo en la lejanía, la imagen del pastor, entreveo un lado nostálgico, la gesta, una visión legendaria, originada por el episodio de la trashumancia. Este hecho, tiene una entidad que siempre me ha fascinado, en el espacio, en ese ámbito rural, que hoy, ocupan los recuerdos de mi infancia y mi juventud, también. Se transformó la leyenda del pastor, en canciones llenas de sentimientos sinceros y sencillos; todo un bagaje cultural. Que se encontraba en la literatura tradicional pastoril, en la antigua, en los "Idilios" de Teócrito de Siracusa y Virgilio que inspirándose en él escribiría sobre un ambiente lírico de pastores llenos de poesía bucólica; incluso "La Galatea" novela de Miguel de Cervantes, en que entabla entre pastores y la anhelada pastora Galatea, un planteamiento sobre el amor, el desamor, la causa del dolor en ambos casos, los celos, el desdén, la ausencia, o la pérdida del ser amado. Todas enaltecen en hermosos poemas e interesantes dilemas con la naturaleza, sus abundantes nostalgias y, se insertan por sus características e importancia en la añoranza del pastor por encontrar su fin mejor, el amor. El horizonte recordado del pastor, tiene una intención alegórica y carece de hostilidad con la naturaleza, la naturaleza es un lugar apacible y amable, que sirve de marco y de confidente para el desarrollo de los desconsuelos del rabadán. En la literatura, el mundo rural es la encarnación del sosiego y la virtud, frente a la zozobra, la ambición y los vicios propios de la vida urbana, llena de vanidad y codicia, donde se rechaza lo rural y lo silvestre. Ahora, en cambio, hay una exaltación del campo, fruto de una ideología ecológica, en buena parte, y hay un deseo de deserción de la vida de la ciudad, como contrapartida hay una búsqueda de lo rural, del oficio bucólico y artesanal, relativo al horizonte abierto, y al aspecto paisajístico de nuestros campos castellanos, de Tierra de Campos.

Pero la realidad del pastor, es muy distinta a la que nos describieran los poetas y novelistas, de la retórica ecológica. Con una imagen del pastor tumbado bajo una encina o un roble, haciendo de un trozo de madera una cuchara u otro utensilio artesanal elemental, mientras en su recuerdo esta la añorada pastora, que no puede apartar de su evocación. O, arrebujado en su pelliza, capote o manta mientras el perro olfatea, escarba y ladra, con un fondo de runrunes de esquilas, los campos y los cielos en calma, de pronto, suspira por tanta lejanía y, recuerdos, que le dejan el alma estremecida; mientras sueña con su mujer y sus caricias. Sueña también, al repicar de campanas, en la fiesta del patrón y el ir y venir de las gentes a la Misa y, a la Plaza, para tomar con los amigos unos vinos mientras se comentan los decires que siempre inquietan o, a veces, divierten.

La retentiva llega a mi niñez, cuando los pastores y sus rebaños pasaban por las cañadas reales, como la zamorana o el ramal leonés, pernoctando en el pueblo, en el "Corral de la Villa", luego cruzaban el pueblo, hacia las montañas leonesas o las dehesas extremeñas, dependiendo la estación del año. De nuestro pueblo también partieron, posteriormente, sobre los años cincuenta, iban a los páramos leoneses, tierras de regadío y pastos verdes. Todo eso ha cambiado, el oficio del pastor con la tecnología utilizada para rentabilizar su rebaño y hacienda, ha variado…, incluso sus apriscos de adobe y corrales se han sustituido por naves con tecnología para el ordeño y conservación de la leche con depósitos de refrigeración. Me he acercado a su realidad actual, a recoger su testimonio, y averiguar su arranque y su futuro. También, a escuchar sus voces para llegar a comprender, un proceso humano, de los diferentes arquetipos de hombres que nos dejaron y siguen perpetuando un mensaje envidiable, una actividad, en competencia inteligente con el medio ambiental, con el ganado, con el oficio, en suma, el pastoreo. Con el resultado final de la elaboración artesanal y tradicional del queso; hasta estos tiempos, de procesos industriales, para rendir mayor beneficio de su trabajo, conservando la calidad del producto. En su empeño machacón y consagrado, aún iluminan las certezas de un oficio noble y que nos reconforta con su producción genial, en un tiempo que ha ido transcurriendo y agotándose, en la participación humana, tan directa e inteligente, para conservar la parte tradicional razonablemente, la calidad, pero unida al rendimiento de explotación, ellos aún nos facilitan un presente más disfrutable y atractivo apoyados por la tecnología y la técnica moderna, pero con la participación de la sabiduría de la naturaleza y la riqueza de nuestros campos equivalentemente.

La ersonalización de la historia del pastor, incurrirá en maneras propias de los distintos protagonistas que hablando nos dan distintos matices y que transcribiré en una narración sencilla, aunque también recurra a la alegoría, tengo en ello, mi íntimo gustazo. Es un homenaje sencillo, mí testimonio de nostalgias juveniles y la normal fascinación personal por las expresiones y las maneras propias de los pastores, llenas de escenografía y representación. Su presencia siempre expresa una relación substancial con otros elementos, los sonidos, los aromas, el ganado, los perros, las calles y plazas del pueblo, los transeúntes a los que nos captaban la atención e inspiraban espontaneidad de gestos, con todos como protagonistas. La evocación constante de todos ellos, animaba las conversaciones. En la discusión estaban la calidad y cantidad de los ganados y la práctica de sus tradicionales laborales o habilidades, su resultado final, para conseguir un producto que valoramos y que agradecemos por su calidad; a pesar de las penalidades, las obsesiones, los temores, las certezas y las dudas de hombres que se ven al final de un modo de vida básico y, sencillo, pero lleno de profesionalidad y talento. Una cultura que sigue ideas y costumbres, que nos une a nuestros antepasados, por ellos trasladadas a nuestro tiempo. Mi memoria es parcial y está personada, como ya dije, en un agrado predispuesto. Por ello he recurrido a Antonio Burgos, a Juanito Burgos, a Porfirio Villacé y algunos otros que aparecen en este manifiesto, de quienes recuerdo con sumo agrado sus expresiones y rigor competente como mi tío Artemio Rubio, sería muy extenso enumerarles a todos, pero son muchos e importantes sus indicios experimentados y capaces que serán siempre parte de mi recuerdo, siempre notables y, a la vez acostumbrados, de mi presencia en Becilla de Valderaduey, de donde saque muchas firmezas y convicciones de esta Tierra con la que siempre me identifique.

Recuerdo esos días, a media tarde, cuando el sol ya iba cayendo sobre el horizonte elevado del noroeste, iba a sacar unas fotografías en el campo y el sol proyectaba esas alargas sombras de manera que el objeto a fotografiar parecía diminuto invadido por la sombra que salía de mí. Así, el pastor o, el labrador, si cada uno superpusiera su drama o aspecto humano sobre el otro, ambos se confundirían en la misma sombra y sería muy difícil distinguir la sombra particular de ambos, pero todos ellos han dejado una alargada sombra en estos campos llenos de subsistencia y coraje dándole la mayor dimensión que ellos por si mismos tendrían. Hay una cosa cierta, el hombre de estas tierras ha legado un testamento de un gigante, un acérrimo defensor de su actividad, un superviviente generoso con su esfuerzo para conservar su medio y permanecer en sus valores tradicionales. Como observador acabas por ver la enorme sombra común que han proyectado estos hombres, han llegado a sobrepasar todos los límites de aguante, entereza y coraje como seres humanos para mejorar la existencia de su descendencia y que no les faltara el pan; ahora, se lucha por un sueldo digno para obtener las mayores comodidades.

El labrador envidiaba del pastor, sus frutos inmediatos. Se ordeña cada día y cada día se hacía el queso, el fresco, el de "pata de mulo" y, el clásico de ercilla, clásico molde para confeccionar el queso, para curar al relente del doble o la panera, que semanalmente se llevaba al mercado de Villalón y se regresaba con los dinerillos, el peculio de subsistencia y estabilidad familiar. El pastor estaba la mayor parte del día, durante todo el año, en el campo, expuesto a los elementos climatológicos siempre extremos; a la vuelta al aprisco, los trabajos más duros le esperaban a más; como separar las ovejas, luego ordeñar a mano -como me dice Porfirio Villacé, pastor por cuenta ajena en su juventud y luego por la propia: no hay nada peor en la vida que ser pastor, es muy sacrificado, así hemos perdido la salud y la vida…, el esfuerzo, los vapores de los suelos de excrementos de los animales que constantemente respirábamos, ahí perdí yo los pulmones y tengo lo que tengo-. El pastor envidiaba del labrador que una vez concluidas las faenas del campo, todo lo que se hacía era en los corrales, las cuadras, la casa y muchos días sin labor; porque el tiempo no acompañaba o era tiempo sin faenas. Esas horas de tertulia en las Solanas del "Palón", los "Cuatro cantones", la Plaza del Caño o, el bar echando la partida y los peores días, al calor del hogar tejiendo ilusiones o esperanzas. Es importante conocer la huella de las mujeres y los hombres, que nos precedieron y con los que convivimos, que dieron identidad a una forma de vida en el pueblo dónde nacimos y crecimos, dejando un patrimonio cultural, una idiosincrasia, una forma de adaptarse con su entorno y los vecinos, una influencia, una convivencia para superar las dificultades. Pronto tienes una percepción de que su existencia, es una existencia llena de desvelos y de lucha para dominar las dificultades siempre presentes, que cuajaron en nobles labores, formando un carácter propio de nuestra Tierra de Campos.

Se ha hablado mucho de nuestra tierra dibujando la idea de un clima excesivo y riguroso, de páramos conjugados con un cielo bajo y amenazador, imprevisible con una sempiterna y secular melancolía otoñal, de ancianos en las Solanas para calentarse al tibio sol de mediodía. Estas, son reseñas ajenas, crónicas de personas que no conocieron bien la verdadera grandeza y derroche de nuestra gente, con el esfuerzo, el tesón y la prudencia.

Según te adentras en nuestras tierras, en los campos, es difícil no ver casi confundido con el paisaje al pastor, bajo un paraguas en verano, una buena manta o un capote en otoño; e invierno, con la pelliza; en la mano o, apoyado en el, un garrote o, un cayado, la cacha; en su zurrón, un pan, una fiambrera con "torreznos" y puede que una bota de vino o una botella de gaseosa con agua y colgado del pecho, un transistor, su enlace con el mundo. Pero por encima de todo, es el custodio y guardián de la esencia de estas tierras, golpeadas por el desamparo, que ellos le dan espíritu y el aliento humano.

El perro, es su mejor compañero como ayuda para dirigir y llevar el rebaño de ovejas. Sin un buen perro es muy difícil, las ovejas van por donde quieren, solía decir, mi tío Artemio, entre chito pa aquí o chito pa llá.

Un día le pregunte a su mujer, mi tía "Chon", como empezasteis el oficio: Mira, me case a los veinticuatro años, en octubre, tenía hechos los veinticuatro en Mayo, así que a los veinticinco cuando mucho... ¡Escasamente! me casé con Artemio, el era pastor en la Unión de Campos, su padre le dio cuarenta ovejas para que se estableciera aquí en Becilla, estaban preñadas todas y empezaron a parir en Enero o Febrero y se nos duplico el rebaño, así fuimos avanzando en la vida, las ordeñábamos todas y fuimos haciendo el hato. Estuvimos primero en casa de mi padre que nos alimentaba las ovejas y nos daba de comer a nosotros. Luego nos establecimos por nuestra cuenta, en la calle de las Cavas pero seguíamos metiendo las ovejas en casa de mi padre, Máximo Peña. Hasta que nos fuimos a la "Peña", donde vivimos y construimos el aprisco, la casa era grande y nos daba para todo. En el otoño, más o menos nos íbamos al "Arriendo", se decía por aquí, se dirigían a los pastos del páramo leonés trashumantes y de temporada. Una vida llena de trabajo, de idas y venidas que no pesaba a esta mujer castellana de Tierra de Campos, espejo de esta tierra ancha y exigente que nunca abdico de su origen y sus obligaciones. Bien merece nuestro reconocimiento y que se propague la leyenda de mujer laboriosa, franca y artesana, llena de cualidades para hacer de un alimento un placer.

Casi todos los días del año, los días claros, los plomizos, los días nublados y los fríos, a prueba de firmeza, está este pastor con la mirada puesta hacia el camino o la carretera, como esperando un apoyo humano para poder amortiguar por un instante la soledad, que le envuelve, en estas tierras tan alargadas y anchas, tan remotas del recogido vecindario. Pero no perderá de vista al rebaño y un silbido o la acostumbrada onomatopeya de las sonoras ¡Rrrrrrrr! ¡Rrrrrrrr!... ¡ehhhhh! pondrá en tensión al ganado y, el perro, pone atención a su amo dispuesto a la acción para que no se desmadren las ovejas y se orienten en el pasto. He estado en alguna ocasión con mi primo, Antonio, en las tierras, tratando de hilar una conversación, nada fácil, el rebaño lo forman animales que tienen una tendencia activa e incansable, unas ovejas buscando su pasto van hacia un lado y, otras, hacia el otro, aunque en la lejanía nada parezca más estático y ocioso que un rebaño de ovejas. Unas eligen espigas de grano que las parecen más apetitosas y, otras, se complacen con hierbas más ricas, me decía Porfirio, que cuando unos hongos les llaman la atención se van como locas. La labor del pastor, mantener una uniformidad para recorrer las tierras que interesan y apurar los rastrojos que tocan en suerte. A veces, recorren varios kilómetros de tierras hasta las rayas o límites de otros municipios. La cacha o el cayado, el perro, el silbido o las interjecciones súbitas acostumbradas, otras veces acompañadas de un canto rodado o terrón de tierra arcillosa son los útiles de su trabajo, su ocupación mantener el rebaño unido, el esfuerzo de cada día para apurar los herbazales y rastrojeras.

Le pregunto a Antonio, que es lo que llevan en la oreja cada animal; me contesta, que los animales se identifican mediante la aplicación de un crotal de plástico de color amarillo colocado en la oreja derecha con un código. Ahora las ovejas llevan el Crotal en la oreja. Eso es igual que el número del carnet de identidad o el N.I.F., ahora, está identificado todo el ganado. Las ovejas están registradas y, de esa forma, ya saben de quienes son.

Le pregunto, ¿como empezaste en este oficio? empiezo, me dice, con mi tío Nilo, aún iba a la Escuela, luego, cuando salía, ayudaba en algunas de las faenas y cuidado del ganado. Recuerdo haber ido con él en alguna ocasión como concurrente contemplativo. Su tío Nilo, era pastor, un hombre corpulento, vigoroso y cordial, tenía un buen rebaño, Antonio le ayudaba en el ordeño también en alguna tarea auxiliar como limpiar o llevar el Herradón, llenar de pienso las canales o pesebreras. Su padre, Félix, era cuñado de Nilo, tenía algunas tierras pero todo era poco, así que un día compro algunas ovejas, las primeras cincuenta cabezas, que juntaba en el rebaño de Nilo, bastante importante. Cuando Antonio sale de la Escuela se plantea que hacer y, se traza que lo más fácil y viable es formar, con un poco de capital, un rebaño regular y desarrollar las corderas para ir creciendo. Primero empieza en casa como puede, no era un aprisco tradicional, había que arreglarse, la casa era pequeña, la cuadra era pequeña, los cobertizos limitados y un pajar al mismo nivel. Con el tiempo se traslado al "corralón del tío Esteban" que era un verdadero corral, con aprisco, cuadras, pocilgas, pajares y un anexo llamado el huerto, con pozo. Lo justo para una apropiada explotación de un rebaño medio de doscientas cabezas.

Detrás quedaban muchos esfuerzos, un trabajo agotador y muchas ayudas de todo el que podía aportar algo, los padres, los hermanos y la mujer. La situación era muy compleja, los pastos siempre son escasos en esta tierra muy aprovechada y usufructuada. En el verano, una vez que se van levantando los sembrados, se salía por la tarde y se dormía en el campo. Antes se había preparado una majada, se llevaban veinte o veintidós cancillas y se preparaba un cuadro para encerrarlas, también levantábamos una cabaña para dormir nosotros, me dice. Entonces llevábamos un pan y un poco de queso, si había majuelos pues cogíamos el postre, las uvas… ya sabemos eso: "uvas con queso saben a besos", nos reímos divertidos.

Esto nos trae recuerdos de furtivas incursiones en los majuelos, para eso..., "ir a por uvas" que siempre, tenía siempre el riesgo del guarda que los custodiaba.

Nos despertábamos a las seis de la mañana y ya empezábamos a andar por ahí por los rastrojos hasta que se cansaban, ellas mismas ya sabían, solíamos encerrar a las diez de la mañana. Cuando eras joven, se ríe no te despertabas, vuelve a reírse…, te despertabas porque las ovejas empezaban a balar, eran las ocho. Las ovejas estaban ahí ¡que ibas a hacer! soltarlas y empezar. A la mañana las llevabas al aprisco las ordeñabas. Comías y te echabas una pequeña siesta y ya volvías a soltar para volver al campo, estabas toda la tarde hasta que se cansaban mientras iba anocheciendo y ellas solitas es iban a la majada. Si te habías sentado por ahí y te habías quedado un poco dormido las veías que ya se iban ellas solas, nos reímos de todas estas chafarrinadas divertidas y malandanza ocasional.

Antiguamente, en el verano, como se andaba mucho en el campo tanto por el día como por la noche, se les ponía los cencerros, las esquilas, los cencerros más grandes se les ponen a las ovejas más fuertes y las más cercanas al pastor que suelen ir pegadas a él, no a los machos enteros; las esquilas son más pequeñas, se les ponían a cualquier animal y los cascabeles que son los más chicos, se les ponían a cualquier animal, pero preferentemente a las ovejas mansitas. Todos estos cencerros son de chapa de hierro con más o menos cubierta de cobre o metal. Tenían un fin llevar una buena marcha para llegar a las suertes y lugares de pastoreo, también si el pastor se dormía al dar una cabezada, nunca perder el contacto, ni referencia de la situación del rebaño.

En el mes de Julio se hacen muchas horas en el campo, a veces, cuando hace mucho calor las ovejas empiezan a amorrarse. El amorrarse es que se juntan todas las ovejas en un pelotón y se quedan quietas para no pasar calor. Entonces el pastor aprovecha para comer o dar una cabezada. Pero aunque se agradecía nunca descansabas del todo, te pasan por encima las hormigas, los moscardones... todos bichos vivientes.

La sed que pasaba el pastor es grande, porque el agua se pone igual que un caldo, y si alguno llevaba otra cosa, como vino era igual que un sopicaldo. Se agradecía encontrar una fuente, ahora están todas contaminadas por los herbicidas y fitosanitarios que le echan al campo.

Hay tiempos que sale el ganado en celo. Cuando más fácilmente salen las ovejas en celo es en junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre, diciembre y enero. Esos son los meses más efectivos para que salga la oveja en celo, que se llama salir morionda. Pero como todo, específicamente, hay días que son reproductores y otros de leche, se trata del vigor de los animales, cada uno tiene el suyo. Hay un sistema para que el ganado, para, más "aunido", a la vez, al mismo tiempo, que es la esponja, que se llama también hormona. Consiste en una esponjita de dos o tres milímetros que se mete con un tubo por la vagina de la oveja hasta unos quince centímetros o por ahí, y queda una cuerda asomando. Esa hormona o esponja tiene que estar doce días puesta. A los doce días se la quitas. La cuerda, que está asomando fuera, te la enrollas en el dedo y, nada más tirar, sale. Otras veces se queda la cuerda dentro y tienes que meter los dedos para sacarlas. Al mismo tiempo que se saca las esponjas se pone una inyección y, a los dos días, a esa oveja se la cubre con el semental, el carnero. La esponja lleva una mezcla de orina, y eso al quitarlo huele..., te pega en la nariz... Luego el pinchazo estimula los ovarios y hace que la oveja se quede preñada, aunque no todas se quedan.

Estas cosas se hacen ahora por que todo está más controlado y tutelado. Antes, en los cincuenta, me dice Porfirio, no se controlaba así, todo era más casual e imprevisto, aunque los carneros siempre iban con el ganado. El ganado pasaba mucha hambre, cuando le dabas un poco de comer, entonces salían antes. Así, los que más les daban, antes les parían las ovejas.

Bueno, como te iba diciendo, sigue Antonio, en el invierno paren las ovejas, y se cuida a las paridas. Bueno, es un decir, ahora paren casi todo el año. Por la mañana las echamos un poco de cebada envuelta con paja. Las tienes allí en la nave como cosa de una hora y, cuando ya han comido, el día que no llueve, las sacas a pastar al campo. El día que llueve, pues… quietas, allí todo el día cerradas y "dando el biberón" a los corderos. Esos días las horas son más cortas, aunque tienes que estar allí quieras o, no quieras, porque la una pare..., o tienes que pinchar a un cordero porque no está bien; la otra tiene otra cosa, total: que la jornada la haces y, si llega el caso, hasta alguna hora más que otros días. A las ovejas, hay que ayudarlas cuando empiezan a parir, se las aprieta por atrás, por la parte del rabo, hasta que el cordero empieza a asomar las pezuñas o el morrillo y, según va saliendo, le vas cogiendo de la cabeza o de la nuca y una vez va saliendo, del cuello o, las manos de adelante, ayudas como puedes y sacas todo el cordero y se le pones a la madre para que mame. En el cordón umbilical ahora se pone un poco de "spray", pero la mayoría de las veces la misma oveja se lo lamía al cordero y no hacía falta nada de eso. No hay que cortar el cordón, se corta él solo por el sitio más débil del tirón que das al sacar el cordero. Si el cordero viene mal, a veces, tienes que meter la mano y hacer lo que haga falta. Si la oveja no quiere al cordero que ha parido, los metes a los dos en una jaula y así, quiera o no quiera, tiene que dar de mamar al cordero, sino hay que darle el biberón hasta que se cría. Eso es lo que se hace ahora, pero antiguamente no lo hacían así. Si es el cordero, el que no quiere mamar, ¡ya sabe dónde se va a ir...!

Ahora en el verano se hace jornada partida. Te levantas a las siete de la mañana y sueltas las ovejas a las ocho. Estás en el campo hasta las once u once y media, según lo que caliente, y las vuelves a cerrar para irte a comer a casa. Después de comer, te echas la siestecilla y a las cinco o las seis de la tarde, según cómo esté el día, las vuelves a soltar otra vez y se hace otro tajo más. El pastoreo se hace según esté el día. En la parte de invierno se lleva las ovejas a "pastar" a las alfalfas. En el verano, después de que se ha cosechado, se meten las ovejas por los rastrojos para que coman las espigas. Yo, ahora, llevo cuatro sementales en el rebaño. Salen a "pastar" durante la época que me interesa que cubran a las ovejas, y después les encierro en el corral. Lo más fácil para que las ovejas salgan en celo es no viendo al "carnero" durante una temporada. Luego, cuando ven al carnero, empiezan a "rebalar" las unas con las otras y enseguida salen en celo.

Porfirio, me explica como con las ovejas pasa como con las personas, antes producían poco porque comían también poco. El ganado a penas comía, estaba prohibido andar entre trigos pero mi "amo" me decía mételas por la cañada hasta la casilla, sino yo no las metía…, sabía que me iban a denunciar y no quería líos. Cuando las metías un poco se volvían locas, ¡daban unos saltos! había un poco de hierba que salía por debajo de la seca y al comerlas se añusgaban, porque estaban de no comer y, los animales, cuando no están acostumbrados a comer, solo a lamer… ¡es que estaban muertas de hambre! como tienen el estomago cerrado o pequeño de no comer lo que comen, lo devuelven. Ahora, eso no ocurre, comen siempre. Cuando entraban y comían un poco… ¡pegaban unos saltos! me dice, graciosamente, simulando el asombro que sentía. Cuando entraban en una alfalfa porque me mandaba, el amo, entonces comían, con tal ansia, que con los vapores de las hierbas frescas se entelaban, se hinchaban y morían. Les daba el torzón, que les hacía producir movimientos violentos y desordenados; que hacen, cuando padecen enteritis, por los fuertes dolores. En el verano se las daba de comer más y entonces entraban en celo y se cubrían, el que mejor las trataba les solía parir antes y salir antes, sin vacunarlas. Luego cuando ya estaban cubiertas se les llevaba, a los carneros, a la vaciada: donde estaban las cancinas, las corderas, el ganado que no se ordeña. Antes a los cuatro o cinco partos ya había que venderlas.

Mira, con el hambre entran todas las enfermedades, matabas una oveja de cuatro años o se moría, la despellejabas y tenía quistes por todos los sitios, ahora matas una de cinco o seis años y está como nueva, sana. Con el hambre te entra todo, tenían tumores en el hígado, en la tripa del colon…, en todos los órganos vitales. Ahora tienen ovejas hasta de diez años y dan leche, que se joden. Antes la que no tenía dientes no podía comer y se iba debilitando, no podía producir se las mantenía ahí, en una pradera o la era, para que no se murieran. A las ovejas se las da sal, igual que a las personas. No la comen todos los días, pero de vez en cuando. Se pone la sal de piedras que pueden estar en cualquier sitio, de la piedra, van comiendo las ovejas. También venden unos bloques de sal que se ponen en las naves o en los corrales. Se colocan colgados y cada oveja chupa cuando lo necesita. Ahora encerramos a las ovejas unas veces en la nave y otras en los corrales de antes, donde mejor te pille.

En el invierno hay días de todo: días buenos, días malos y días helados. ¡Qué frío he pasado yo! se para, moviendo la cabeza a los lados, como sacudiéndose ese intenso recuerdo, todo lo que he querido y más. En el invierno hay que llevar una manta unos días, otros el paraguas o, el impermeable. A veces, cuando empiezan las ovejas a parir, me toca hasta llevar tres corderos al hombro y eso pesa. Y ahora hay corderos de cinco kilos y de tres nacen la gran mayoría. Cuando nacen dos corderos, que ahora puede ser frecuente, se los repartimos con otra oveja que esté "vacía". Ahora, los pastores se visten como cualquier otro hombre, no duermen en el campo, llevan transistores para entretener el rato. De las varias razas de oveja que existen las que mejor se adaptan a la Tierra de Campos, son la churra y la castellana, que se destinaban a la producción de leche, carne y lana. Como el interés de producción va más por la producción de leche se han ido sustituyendo por la raza Assaf, es una variante de la raza Assaf originaria de Israel. La introducción en España se inició en el año 1977 y se formó fundamentalmente por sucesivos cruzamientos por absorción con las razas autóctonas nuestras.

La oveja recibe varios nombres de acuerdo con su edad: Cordera, desde que nace hasta los seis meses. Borrega, de los seis meses hasta el año. Cancina, desde un año sin llegar a dos. A partir de ser cancina, la oveja cambia dos dientes cada año hasta el quinto. Los entendidos saben la edad que tiene una oveja por el estado en el que se encuentra su dentadura. Cuando se consideraba que las corderas ya eran grandes, se procedía a destetarlas. La forma en que se destetaban hasta hace algunos años es la siguiente: en el mes de agosto, cuando los rebaños entraban en los rastrojos, una vez se habían cosechado los campos de cereales, se untaban las tetas de las ovejas con trementina, con una tablilla, se extendía una capa fina de trementina, procediendo a continuación a forrar la teta de la oveja con un mata de lana extendida. Al ir a mamar la cordera, la rechazaba, con lo que, pasados dos o tres días de insistir sin conseguirlo, dejaba de mamar.

Existían dos sistemas para saber a quién pertenecían las ovejas: el uno consistía en hacerles hendiduras y agujeros en las orejas; el otro marcarlas con pez caliente cuando están recién esquiladas, también existen unos hierros que llevan una letra en uno de los extremos y un mango de madera en el otro. Se calentaba la pez y se aplica el marcador en la parte alta de uno de los costados de la oveja. Las ovejas pastan dentro de un espacio que llaman "suerte", en el término municipal en el que residen los amos, en la suerte, que les ha correspondido en la subasta realizada en la Sociedad de labradores y ganaderos. Cuando las corderas tienen unos pocos días de vida se las rabona. Se sujeta con la mano izquierda la parte de cola que se desea mantener y, con la mano derecha se clava la uña del dedo gordo, se dan dos o tres vueltas retorciendo la cola para quebrar el hueso, se tira y ésta se desprende con gran facilidad. En otras razas que son ahora frecuentes en nuestros rebaños, como la Assaf, tienen la cola muy dura y ya no es fácil hacerlo así, por lo que se realiza mediante una goma puesta en la zona correspondiente impidiendo la circulación sanguínea y cuando se debilita esta zona se procede a su corte. Cuando se quería impedir que un carnero, no cubra a las ovejas, se procede a colocarle un trapo de material fuerte, un trozo de saco o costal, a lo ancho de la tripa. Este trapo va cogido con dos cuerdas en las esquinas que se atan en lo alto del lomo del carnero, lo llamábamos el mandil. Con este sistema se consigue establecer una barrera y, al tapar la verga del carnero se evita que las ovejas queden preñadas. Ahora los carneros no siempre están con las ovejas se les separa, se les aparta hasta que sea necesario su función de cubrir al ganado. Cuando era una sola oveja la que se quería impedir que fuera preñada, se coloca el trapo a ésta. Se hace un agujero en el trapo y se introduce el rabo de la oveja, sujetándolo a la lana, todo alrededor para que no tuviera acceso con la verga el carnero, en su vagina de ella.

Apartar, esta operación se hacía: por que las ovejas que componen un rebaño eran propiedad de varios amos; otro consiste en separar las ovejas que crían de las que ese año no lo harán; la tercera causa por la que se procede a apartar es el esquileo y, por último, para hacer recuento de las cabezas de ganado una vez al año. Por el contrario, arrebañar significa juntar de nuevo las ovejas con sus crías pequeñas y con los denominados vacíos. Los vacíos, son aquellas ovejas que no criaban por diferentes motivos. Todo este sistema de juntar y separar el rebaño hace tiempo que se ha vuelto menos frecuente, aunque no ha desaparecido del todo.

Los caminos o senderos, por donde se desplazan los rebaños de un lugar a otro reciben el nombre de cañadas o cordeles pero recorren todos los caminos del municipio para su acceso a los pastos. Una vez cosechado y recogido el cereal se permite la entrada de los rebaños a pastar, recibiendo este hecho el nombre de "entrar en la rastrojera".

Se denomina amorrarse las ovejas cuando éstas se reúnen en grupos en forma de rueda, escondiendo la cabeza unas bajo las otras debido al fuerte sol. En los meses de julio, agosto y parte de septiembre, en las horas de 11 de la mañana a 6 de la tarde, se cierran las ovejas en los corrales o apriscos, para evitar el calor.

El pastor y el perro son indisociables, a estos perros, se les llama perros de carea. Detrás de esta asociación hay mucho trabajo que hacer, primero se escoge el que parece el mejor perro o el más adecuado y, cuando ya tiene tres o cuatro meses, se le empieza a llevar al ganado para ver cómo responde, a los cinco meses, este perro empieza a correr tras las ovejas y, por mucho que le llames, no te hace ni puñetero caso. Pero no se le puede castigar, porque se acobarda y se le estropea, hay que enseñarle, hay que tener mucha paciencia con estos perros a esa edad y, aguantar la vergüenza que te hacen pasar, cuando el perro te corre las ovejas, los labradores se quedaban mirando, te gastan bromas y se ríen por el desbarajuste formado. El perro suele portarse así hasta que cumple el año o algo más, a partir de esa edad ya está bien adiestrado y, desde ese momento, es sorprendente las cosas que llega a hacer, hace lo que le dices y, va a donde le mandas. Si le mandas por la orilla, va por su orilla escarmentando sólo a la oveja que hace lo que no debe o se mete donde no conviene ¡se ganan el jornal! hay algunos perros que no dejan arrimarse a ningún extraño al rebaño o, simplemente, con que alguien se acerque al pastor, ya le están enseñando los dientes. Lo conozco, por experiencia, podría decirse que el pastor y el perro son un baluarte.

Los corrales de las ovejas, que en el pueblo recibían el nombre de apriscos, nosotros lo llamábamos "aprisco" ahora son naves con multiusos. Son recintos de entre 200 y 1.500 m², con el 80% cubierto y el 20% descubierto. Los apriscos eran construcciones muy funcionales con las paredes de adobe, bloques hechos con barro mezclado con paja, amasados, moldeados, que se dejan secar al sol, ahora, todos son de hormigón, pilares y recubiertos de ladrillo con cubiertas sólidas con cerchas de acero y planchas también de acero. Antes, las paredes suelen alcanzar una altura aproximada de 2 metros, y estaban cubiertas en su parte superior con una armazón de vigas y travesaños de madera recubiertos por bardas de ramajes, cerrados con tejas que se colocaban para protegerse de la lluvia y para que no se deshicieran los adobes. En los meses de julio y agosto y debido a la calor y al sol, las ovejas no quieren comer durante algunas horas, por eso se cerraban en los corrales desde las once de la mañana hasta las seis de la tarde. De septiembre a finales de diciembre, que son los meses de mayor oscuridad, las ovejas pasaban más tiempo encerradas que sueltas.

Hacemos de veterinario sin título, porque las ovejas tienen sus enfermedades y la mayoría de las veces las curamos nosotros mismos. Pero claro que las visita el Veterinario y, ve el estado del ganado y les cura las enfermedades peores. Porfirio, me dice: Ahora incluso viene el Veterinario con un aparato y les hace una ecografía para ver las ovejas que salen preñadas, se lo arrima en el vientre y se ve.

¿Cuándo descansan estos esforzados hombres? ya me decían, Antonio y también Porfirio, el primero dice que se puede decir que hacemos una media de 15 horas diarias, aunque la realidad estás todo el tiempo dedicado a esta labor exigente, el segundo me dice preguntándome: ¿Cuándo descansa Antonio? No puede descansar son muchas las labores y los que lo sabemos, no nos duele decir que son especiales y de una materia prima envidiable, que merece la pena de ser homenajeados…, pero nadie lo hará. Aunque celebremos el producto que consumimos con sumo gusto, en el queso, la carne lechal, tan estimada, de tanta calidad como se produce

Algunas de las enfermedades que presentan estos ganados, el ganado ovino, son:

La galaxia: Las ovejas, se quedan ciegas, se quedan cojas y pueden llegar a morirse. Es la peor de todas las enfermedades.

La basquilla: La basquilla es una enfermedad que hace que la oveja se quede quieta. Empieza a cerrar los ojos y a dar vueltas hasta que se cae, puede tratarse. Se pone una inyección, pero si se inyecta después de doce días, y está ya muy cogida por la enfermedad, no hace nada. Esta enfermedad proviene del verde y de la espiga.

La brucelosis: Para la brucelosis se pone una inyección como a los niñas pequeñas para la rubéola. Esta inyección se pone a los seis meses de haber nacido la cordera y con ello se evitan los abortos.

Las roturas: Cuando una oveja se rompe una pata, se la suele poner emplastos. Se coge un cacho de trapo, se echa la pez y se da vuelta a la pata rota como si fuera una escayola. Luego se ponen unas tablillas por fuera atadas con una cuerda y se echa un poco de pez a la cuerda para que no se desate.

La nube: La nube es como las cataratas. La modorrera: La oveja modorra empieza a dar vueltas y más vueltas. La mamitis:

La mamitis entra a las ovejas por varias razones: porque sean muy lecheras, porque las muerda el cordero al mamar, etc. se le pone Penicilina o alguna cosa de esas.

La patera: La patera es una enfermedad que sale a las ovejas en la pezuña, porque se las hace un poco de pus. Esto se cura metiendo la pezuña mala en un frasco con una mezcla de sulfato de cobre, y a las dos veces que se lo hayas puesto se la cura. Se produce cuando el clima es demasiado seco, o también porque se las meta alguna cosa entre la pezuña.

Los remedios, se suelen transmitir por tradición de padres a hijos, son especialmente conocidos y aplicados por los pastores.

El resfriado: Este tipo de resfriado suelen cogerlo las ovejas en el verano. Cuanto más calor hace, más se juntan o se amontonan estos animales, con lo cual sudan mucho.

Las paperas: Es una enfermedad que se manifiesta en forma de paperas o bolsa que cuelga por debajo de la garganta. Está motivada generalmente por una falta de defensas que sufre el animal motivada por la mala alimentación. El remedio consiste en darle buenos alimentos y con ello la curación es fácil.

Son muchas las enfermedades y claro esto te da mucho trabajo. les dejo a estos hombres con su conocimiento y su auténtico drama humano, la superación constante y un legado inestimable de inteligencia practica, unido al aprendizaje diario, porque no todas las circunstancias se presenta de igual manera.